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lunes, 31 de agosto de 2015

Adiós vacaciones, hola estrés postvacacional


Terminaron las vacaciones y ahora comienza ese bonito periodo de vuelta a la realidad. Ese periodo que tenemos que afrontar tras las vacaciones, y, readaptarnos de nuevo a las obligaciones, al cambio de estilo de vida que supone volver a nuestra rutina diaria.


El estrés es un proceso normal de adaptación a las demandas del ambiente. Cuando tenemos que adaptarnos a nuevas demandas experimentamos una serie de cambios o reacciones a nivel corporal o físico, a nivel mental o cognitivo, así como a nivel conductual. Estos cambios se caracterizan por la activación, aceleración de funciones, o puesta en marcha de nuevos recursos, con el fin de tratar de dar respuesta a dichas demandas.

Aunque el estrés es un proceso normal, si la intensidad de la demanda (estresor) es muy grande y las reacciones de estrés muy intensas, o se mantienen demasiado tiempo, los recursos con que contamos (nuestra energía, salud, motivación, interés, estado de ánimo, etc.) tenderán a gastarse y puede que lleguemos a una situación de agotamiento, en la que no tengamos tiempo para recuperar dichos recursos mediante el descanso, o estemos tan preocupados que no podamos dormir. Si esto sucede, puede que ya estemos sufriendo una serie de síntomas de estrés (dolor de cabeza, insomnio, dolores musculares, problemas de atención, de memoria, etc.), que pueden desaparecer simplemente con más descanso. Pero si no se pone remedio a este estado, los síntomas se irán incrementando en intensidad, irán apareciendo otros nuevos, y finalmente se puede llegar a desarrollar alguna enfermedad física o mental.

Al incorporarnos de nuevo al trabajo o a nuestras obligaciones, tras las vacaciones, sufrimos una reacción de estrés. En general, este estresor no es muy intenso para la gran mayoría de las personas, que pueden ver con preocupación, o incluso con ilusión, la vuelta a su actividad. El cambio de hábitos suele exigir un esfuerzo para volver a los horarios habituales, o para mantener la atención centrada en las tareas que nos ocupan durante el tiempo requerido. El volver a enfrentarse con responsabilidades u obligaciones puede suponer un aumento de ansiedad, ante la posibilidad de hacerlo mal, de fallar, de obtener un resultado negativo.

El rendimiento, la motivación o el interés en los primeros días pueden ser un poco más bajos de lo habitual. El cansancio puede surgir más fácilmente. El estado de ánimo puede decaer en algunas personas, especialmente a las que les cueste un poco más volverse a adaptar. Algunos grupos son algo más proclives a tener más ansiedad que otros (no sólo en este periodo postvacacional). Así, las mujeres sufren un estrés laboral percibido mayor que los varones y sobrellevan también más consecuencias, tanto físicas como psicológicas. Pero se supone que también hay cosas, como las relaciones sociales con los compañeros, a los que hacía algún tiempo que no veíamos. Si estas relaciones son gratas, el proceso de estrés que estamos experimentando se hará más llevadero.

¿A quién afecta?

Aunque no se puede trazar un perfil de trabajador concreto al que le afecte este estrés postvacacional, sí es posible realizar una aproximación basada en sus características personales y en su entorno. En este sentido, son las personas que tienen menor tolerancia a la frustración y las menos resilientes las que son más susceptibles de caer en el síndrome postvacacional.

Del mismo modo, es más probable que padezcan este síndrome los trabajadores que tienen la oportunidad de realizar largos períodos vacacionales que aquellos cuyas vacaciones están divididas a lo largo del año. Esto se explica por la mayor desconexión del trabajo y el desarrollo de hábitos de vida diferentes durante ese tiempo. 

El entorno es otro factor crucial que influye en los trabajadores y los hace más susceptibles de padecer una depresión posterior a sus vacaciones. En esta línea, aquellos que regresan a un entorno laboral hostil, los que deben lidiar con un jefe incompetente o que no les valora, y los que ya no les ilusiona su trabajo, tienen altas probabilidades de contraer el síndrome postvacacional.

Sintomatología

El principal síntoma sería la apatía, seguida por el cansancio o la falta de energía y concentración para realizar las tareas. En otras personas se puede manifestar mediante otras señales como el trastorno del sueño, el nerviosismo, el estrés o la tristeza.

En casos más extremos, el trabajador afectado por el síndrome postvacacional puede experimentar ansiedad, dolor de cabeza e, incluso, malestar general. Siendo éstos los principales síntomas, cada persona puede experimentar esta dolencia de una forma diferente. Lo que la caracteriza es su momento de aparición: tras un período vacacional o de descanso continuado. La duración habitual del síndrome es de 15 días.

Prevención

Para evitar el síndrome postvacacional lo más importante es hacer que la transición sea lo más suave posible. En este sentido, cualquier medida que pueda hacer de este proceso algo paulatino y que evite el cambio brusco, será positivo.

Algunas de las medidas más efectivas en esta línea son levantarse pronto unos días antes de reincorporarse al trabajo para que el trabajador se acostumbre con antelación a los horarios habituales, volver del lugar de vacaciones unos días antes, repartir o dividir los días de vacaciones a lo largo del verano para evitar implementar nuevos hábitos de vida durante ese tiempo; e interpretar de forma positiva la vuelta a la rutina y no caer en el pensamiento de que el trabajo es una carga, pues eso puede hacer que se agudicen los síntomas del síndrome postvacacional.

Combatir el síndrome postvacacional es sencillo si se pone fuerza de voluntad. Además, pequeños gestos pueden ayudar a hacerlo más llevadero. Retomar las obligaciones de forma gradual, sin prisas y evitando grandes cargas de trabajo durante los primeros días. También se aconseja realizar actividades saludables, como el deporte, y llevar una buena alimentación.





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